Austin Reaves y LeBron James se despidieron en el vestuario de los Lakers la última noche que compartieron como compañeros, en mayo pasado, antes de que ambos se fueran sin saber qué les depararía el futuro. Hoy, Reaves sigue extrañándolo, mientras los Lakers buscan llenar el hueco que dejó James.

“Yo no era fan de LeBron cuando crecía. Era fan de Kobe [Bryant]”, dijo Reaves al ser cuestionado sobre el abrazo que se dieron aquella noche, después de que el equipo derrotara 127-105 a los Golden State Warriors en el partido inaugural. “Pero conocerlo como persona fue una de las cosas más geniales que he vivido”.

Reaves contó que antes del verano esperaba que ambos siguieran juntos en Los Ángeles, pero también sabía que las razones financieras y de armado de plantilla llevarían a James a dejar la ciudad y empezar de nuevo en Filadelfia. Reaves firmó un contrato de cuatro años y 180 millones de dólares para quedarse con los Lakers, mientras que James firmó con los Sixers por dos años y 8 millones de dólares.

James, que en la victoria inaugural de Filadelfia en Nueva York el martes anotó 14 puntos, capturó 9 rebotes y repartió 7 asistencias, había aceptado un papel de coestrella junto a Reaves y Luka Dončić. Sin embargo, para él fue un sacrificio y no una decisión propia. La agencia libre le ofreció por primera vez en ocho años la posibilidad de elegir, y eligió jugar en otro lugar.

Reaves comprendió la decisión de James. Ambos siguen escribiéndose con frecuencia, y hace poco James le envió un par de tenis. Aun así, Reaves admite que lo extraña, y que los Lakers tienen un gran vacío que llenar.

“Nunca dejé de reconocer al jugador que fue cuando yo era más joven. Sabía que era un gran jugador, pero cerrar el círculo al estar en el equipo con él, y que me diera confianza todos los días, fue increíble”, dijo Reaves. “Me dio una mejor perspectiva para juzgar a las personas, porque me trató igual desde el día que me conoció, cuando yo era un jugador de dos vías, hasta hoy, cuando lo llamo. Creo que eso es lo que más extraño”.

Reaves es ahora el jugador de los Lakers con más antigüedad, con seis temporadas en Los Ángeles. Le sigue Bronny James, que comienza su tercera temporada con el equipo, luego Dončić, que lleva 18 meses en la ciudad, y Jake LaRavia, que está en su segunda temporada con la franquicia.

“Es extraño no verlo esta noche y haberlo visto con camiseta de los Sixers anoche”, dijo Steve Kerr, entrenador de los Golden State Warriors, antes del partido.

Fue un duelo inaugural familiar para ambos equipos: es la cuarta vez en seis años que la NBA los enfrenta en el partido de apertura. Para Kerr y los Warriors, la rivalidad con James va todavía más lejos, hasta las cuatro temporadas consecutivas en que Golden State enfrentó a los Cavaliers de James en las Finales.

“Esas Finales vivirán para siempre en la historia de ambas franquicias”, dijo Kerr. “Fue una era icónica para los dos equipos. Este es un nuevo equipo de los Lakers y un nuevo equipo de los Warriors”.

Dončić toma el protagonismo

Esa noche, Dončić se esforzó por asumir el papel de líder con una serie de gestos importantes dentro y fuera de la cancha. Publicó un anuncio de página completa en el Los Angeles Times, dirigido directamente a los aficionados. También ofreció estacionamiento gratuito en un lote cercano y viajes gratis en bicicleta al estadio.

“Sé que se esfuerzan mucho para llegar a los partidos, a la arena”, dijo Dončić después del juego. “Siempre he sentido que necesito tener esa conexión con los aficionados. Solo quería darles la bienvenida a la nueva temporada para que sepan que realmente apreciamos su apoyo”.

Antes del partido, tomó un micrófono y se dirigió a la afición local: “Hola, Laker Nation. Gracias por apoyarnos. Es el comienzo de algo nuevo. Va a ser una temporada especial, así que gracias por su apoyo”.

Reaves no podía creer lo que escuchaba. “Escuché su voz y pensé: ‘¿Qué está pasando?'”, contó. “No hay forma de que sea realmente él”.

Dončić puede ser un showman en la cancha, pero fuera de ella suele ser tranquilo y dar respuestas breves.

“Eso demuestra que está comprometido, que se entregó por completo”, dijo Reaves. “Incluso en Eslovenia [donde Dončić fue anfitrión del equipo], pagó todo. Cuando tiene el corazón puesto en algo… va a cuidar de la comunidad en la que está, va a cuidar de la gente que lo rodea”.

En la cancha, Dončić también cuidó a sus compañeros el miércoles: anotó 28 puntos, repartió 7 asistencias y, de paso, colocó al nuevo pívot Walker Kessler en la misma conversación estadística que Shaquille O’Neal y Wilt Chamberlain.

Kessler logró 12 tiros de campo convertidos sin fallar, la mayor cifra de un jugador de los Lakers desde Chamberlain en 1969. Sus 10 clavadas fueron el mayor número en un partido desde que O’Neal registró 11 en dos ocasiones durante la temporada 2003.

El mejor momento de Dončić fue un tiro desde media cancha para vencer la bocina del medio tiempo, una jugada que llevó a James a llamarlo “Luka Magic” y que puso de pie a una afición con entradas agotadas.

“Sabía que ese tiro iba a entrar antes de tenerlo en mis manos”, dijo Dončić con una sonrisa. “Trabajo mucho en esas jugadas”.

Su estilo es muy distinto al de James, pero la responsabilidad que cargan es la misma.

“Los Lakers son una de las organizaciones más grandes del mundo, si no la más grande”, dijo Dončić. “Es un honor ser la cara de la franquicia y espero poder quedarme aquí mucho tiempo”.

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